Calidad.

 

 

Traducir no se inventa.


Es un proceso muy largo, en varias etapas cuya finalidad es ofrecer un texto claro, preciso y fiable, en el que no se discierne el proceso de traducción.


 La calidad es el objetivo primero.

Especialización.

 

 

 

Es preciso adaptarse al área de especialización del idioma original. La lengua literaria, jurídica o financiera no se parecen, por lo cual no se traducen de la misma manera.

 


Dos palabras son claves: concepto y contexto. Una buena traducción es un mensaje vinculado de manera precisa, en su integralidad, y adaptada al público al cual se destina.

Creatividad.

 

 

 

¿A quién le interesa leer un texto pesado y plano?

 


La creatividad es una cualidad sin la cual no se puede traducir. Leer una buena traducción siempre es un placer.

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